Iván Veas
Director Escuela de Negocios Mineros UCN

Si la inteligencia artificial es capaz de realizar gran parte del trabajo cognitivo que hoy realizan las personas, ¿tiene sentido seguir invirtiendo en su formación? La respuesta es sí. De hecho, nunca había sido tan necesario.

Durante más de un siglo competimos por la riqueza de nuestros minerales. En la próxima década competiremos por la capacidad de nuestras organizaciones para aprender más rápido, adaptarse mejor y crear valor.

La inteligencia artificial democratizará el acceso al conocimiento. La diferencia ya no estará en quién tenga la mejor tecnología, sino en quién desarrolle las capacidades para utilizarla con criterio, creatividad y visión estratégica.

Este escenario exige cambiar la forma en que entendemos el capital humano. Los trabajadores ya no pueden ser vistos únicamente como quienes ejecutan procesos. Generan conocimiento, cuestionan, innovan y colaboran para resolver problemas cada vez más complejos. Las personas ya no son un recurso más para la organización. Son la principal fuente de conocimiento, innovación y creación de valor. Allí reside la verdadera riqueza de la minería del futuro.

La innovación no comienza con una nueva tecnología, sino con personas capaces de aprender continuamente y de transformar ese aprendizaje en mejores decisiones. Del mismo modo, hablar de sostenibilidad no consiste solo en reducir emisiones o incorporar energías limpias; también implica desarrollar capacidades para liderar el cambio, colaborar y generar valor económico, social y ambiental.

En este contexto, la formación continua deja de ser un beneficio para convertirse en una estrategia de competitividad. La universidad y la industria comparten la responsabilidad de desarrollar el talento necesario para enfrentar los desafíos de una minería cada vez más compleja.

Esto también implica preguntarnos qué capacidades debemos desarrollar. Ya no basta con formar especialistas técnicamente competentes. La minería necesita personas capaces de integrar conocimiento, tecnología y experiencia; interpretar información; trabajar de manera interdisciplinaria; tomar decisiones en escenarios de incertidumbre; y aprender a lo largo de toda su trayectoria laboral. En un entorno en el que el conocimiento se vuelve cada vez más accesible, la capacidad de transformarlo en soluciones concretas será determinante.

Pero existe un desafío adicional: las organizaciones deben crear las condiciones para que esas capacidades efectivamente generen valor. Capacitar personas sin entregarles espacios para proponer, experimentar, colaborar y participar en la solución de los problemas limita buena parte de ese potencial. La transformación de la minería requiere, por tanto, avanzar desde una lógica en que el trabajador recibe y ejecuta hacia otra en que participa activamente en la construcción de soluciones y en la cocreación de valor junto a la organización.

La minería siempre ha extraído riqueza de las profundidades de la tierra. El desafío de las próximas décadas será desarrollar el recurso más valioso que posee: las capacidades de las personas. Porque la verdadera ventaja competitiva de la minería del futuro no dependerá únicamente de los minerales que extraigamos, sino también de nuestra capacidad para aprender, innovar y cocrear valor para el desarrollo sostenible del país.

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